La sonrisa y su buen efecto en el interior y exterior

La sonrisa nos influye positivamente en sentido emocional, ya que nos ayuda a estar de buen humor. También es provechosa para la salud física. De ahí que se diga: La risa es el mejor remedio.

En realidad, la comunidad médica afirma que el estado de ánimo de una persona tiene mucho que ver con su estado físico. Muchos estudios indican que los períodos prolongados de tensión, las emociones negativas y sentimientos semejantes debilitan el sistema inmunológico; mientras que la risa lo fortalece, y hasta una sonrisa proporciona bienestar.

La sonrisa produce un buen efecto sobre otras personas. Imagínese una situación en la que le estén aconsejando o reprendiendo. ¿Qué expresión facial le gustaría ver en el rostro de su consejero? Un semblante frío y severo puede transmitir ira, irritación, rechazo, incluso hostilidad. Por otra parte, ¿no se sentiría quizá más relajado y, por lo tanto, más receptivo al consejo si su interlocutor esbozara una sonrisa cariñosa? Está claro, pues, que sonreír contribuye a evitar malentendidos en situaciones tensas.

Los pensamientos positivos facilitan la sonrisa.

Es obvio que la mayoría de nosotros no somos como los actores profesionales, que pueden dibujar una brillante sonrisa en un momento dado; ni deseamos serlo. Queremos que nuestras sonrisas sean naturales y francas.Es importante relajarse y sonreír con sinceridad, o de lo contrario, su sonrisa parecerá fingida.

Recuerde que una sonrisa es una forma de comunicar sentimientos sin emitir sonido alguno.La clave para lucir una sonrisa sincera estriba en nuestros pensamientos y emociones. En efecto, lo que alberga nuestro corazón tarde o temprano saldrá a la luz; no solo mediante nuestras palabras y hechos, sino mediante nuestras expresiones faciales.

De esto se desprende que debemos continuar esforzándonos por concentrarnos en pensamientos positivos. La opinión que tenemos sobre el prójimo afecta mucho a nuestro semblante. De modo que fijémonos en las virtudes de nuestros familiares, de la gente de nuestro vecindario y de nuestros buenos amigos.

Encontraremos mucho más fácil sonreírles. Y será una sonrisa verdadera, puesto que la avalará un corazón rebosante de bondad y misericordia. Nuestros ojos brillarán, y los demás captarán nuestra sinceridad.

No obstante, debe admitirse que a algunas personas les cuesta mucho más sonreír que a otras a causa de sus antecedentes o su crianza. Ni siquiera lo hacen cuando se llevan bien con sus vecinos, debido a que simplemente no están acostumbradas a ello.

Tomemos como ejemplo a los hombres japoneses, de quienes se espera por tradición que mantengan celosamente la compostura y guarden silencio en todo momento. Por consiguiente, muchos de ellos no suelen sonreír a los que consideran extraños. Y quizá suceda lo mismo en otras culturas. O hay quien es tímido por naturaleza y no sonríe con facilidad. Por lo tanto, no debemos juzgar al prójimo por la amplitud o frecuencia de sus sonrisas. Cada cual es diferente, y así lo son sus características y maneras de comunicarse.

Sin embargo, si se le hace difícil sonreír a los demás, ¿por qué no se esfuerza? Tome la iniciativa al saludar y exprese unas palabras de aliento con una sonrisa. Se lo agradecerán mucho. Y, al mismo tiempo, descubrirá que le cuesta bastante menos sonreír a medida que adopta el hábito.

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