La hepatitis B, asesina silenciosa

EL HÍGADO es un filtro que elimina toxinas de la sangre y se encarga al menos de otras 500 funciones vitales. Con razón la inflamación de este órgano, es decir, la hepatitis, suele causar estragos en la salud. Esta enfermedad puede ser el producto del exceso de alcohol o de la exposición a sustancias nocivas. Pero generalmente la provocan ciertos virus. Los científicos han identificado cinco de esos virus y creen que puede haber por lo menos otros tres (véase el recuadro abajo).

El virus de la hepatitis B (VHB), uno de los cinco identificados, mata por lo menos a 600.000 personas al año, cifra similar a la de las víctimas del paludismo. Más de 2.000 millones de personas —casi un tercio de la población mundial— han sido infectadas por el VHB, aunque la mayoría se ha recuperado en cuestión de meses. Pero en unos 350 millones de casos la enfermedad se ha vuelto crónica. Esto significa que, manifiesten los síntomas o no, los portadores podrían transmitirla en cualquier momento.

Quienes padecen infección hepática crónica pueden evitar graves daños en el hígado si desde el principio reciben atención médica adecuada. Pero la mayoría no sabe que tiene el VHB, pues este solo se detecta mediante un análisis especial de sangre. Incluso los resultados de un análisis habitual de la función hepática pueden salir normales. Por eso se dice que la hepatitis B es una asesina silenciosa que sorprende a sus víctimas. A veces los síntomas se manifiestan décadas después del contagio. Para entonces, es posible que el paciente haya desarrollado cirrosis o cáncer de hígado, enfermedades que se cobran la vida de 1 de cada 4 portadores del VHB.
“¿Cómo me contagié?”
“A los 30 años comencé a experimentar los síntomas —cuenta Dukk Yun—. Tenía diarrea, así que acudí a un doctor convencional, quien se limitó a combatir los malestares. Después consulté a un especialista en medicina oriental, y me dio algo para el estómago y los intestinos. A ninguno de los dos se le ocurrió que pudiera ser hepatitis. Como la diarrea no cesó, volví con el doctor convencional. Me examinó dándome golpecitos en el lado derecho del abdomen, y sentí dolor. Un análisis de sangre confirmó sus sospechas: tenía el VHB. Esto me pareció imposible, pues nunca había recibido una transfusión de sangre ni había llevado una vida inmoral.”

Una vez que Dukk Yun se enteró de que tenía el VHB, su esposa, sus padres y sus hermanos se hicieron pruebas de sangre. Resultó que todos habían desarrollado anticuerpos contra el virus, lo que significa que en algún momento estuvieron expuestos a este. No obstante, su sistema inmunológico lo había eliminado. ¿Sería que alguien de la familia contagió a Dukk Yun? ¿Habrían estado ellos en contacto con el mismo foco de infección? Nadie puede asegurarlo. De hecho, en un 35% de los casos se desconoce la causa.

Lo que sí se sabe es que la hepatitis no es hereditaria y casi nunca se contrae por contacto casual ni por compartir alimentos. Más bien, se transmite cuando algún fluido corporal —como sangre, semen, secreciones vaginales o saliva— de una persona infectada entra al torrente sanguíneo de otra a través de una herida o de las membranas mucosas.
Muchos se contagian al recibir transfusiones de sangre contaminada, sobre todo en los países donde las pruebas de detección de hepatitis son escasas o nulas.

El VHB es cien veces más contagioso que el VIH, el virus que causa el sida. Hasta una pequeña cantidad de sangre infectada, como la que se encuentre en una navaja de afeitar, puede transmitir la hepatitis B. Cabe señalar que en una gota de sangre seca, el virus puede permanecer vivo por una semana o más.

La importancia de estar bien informados
“Cuando en la empresa donde yo trabajaba se enteraron de que tenía hepatitis B, me aislaron de la mayoría de mis compañeros en una pequeña oficina”, cuenta Dukk Yun. Es común que las personas infectadas reciban esa clase de trato porque muchos no saben cómo se contagia la enfermedad. Y aun quienes sí lo saben pudieran confundir la hepatitis B con la A, la cual es más contagiosa pero menos grave. Además, como el VHB puede transmitirse por contacto sexual, a veces se ve con recelo incluso a los portadores que no llevan una vida inmoral.

El miedo y la ignorancia pueden provocar graves problemas. Por ejemplo, en muchos lugares se aparta injustificadamente a quienes tienen hepatitis, sean niños o adultos. Hay personas que no permiten que sus hijos jueguen con ellos, y algunas escuelas o lugares de empleo los rechazan. Así que, como temen ser discriminados, muchos deciden no hacerse la prueba de detección del VHB u ocultan que lo padecen. En vez de decir la verdad, prefieren arriesgar su salud y la de su familia. De esta manera, la enfermedad puede seguir transmitiéndose por generaciones.

El descanso es fundamental
“El doctor me dijo que tenía que descansar, pero después de dos meses regresé al trabajo —confiesa Dukk Yun—. Las pruebas de sangre y las tomografías computarizadas mostraban que no tenía cirrosis, así que pensé que estaba bien.” Tres años más tarde, la empresa lo transfirió a una ciudad grande, donde vivía más estresado. Con cuentas que pagar y una familia que mantener, le parecía imposible dejar su empleo.

En unos meses, sus niveles de virus en la sangre se dispararon, y comenzó a sentirse agotado. “Tuve que renunciar al trabajo —recuerda—. Ahora lamento haberme excedido tanto. Si desde un principio hubiera tomado las cosas con más calma, tal vez no estaría tan enfermo y no tendría el hígado tan dañado.” Así pues, Dukk Yun aprendió una lección importante. A partir de entonces redujo sus gastos y comenzó a trabajar menos. Además, en su casa lo apoyaron mucho, y su esposa incluso buscó la manera de aportar al presupuesto familiar.

¿Se puede vivir con hepatitis B?
Aunque la salud de Dukk Yun se estabilizó, su hígado cada vez presentaba mayor resistencia al flujo sanguíneo, lo cual acabó provocándole hipertensión. Once años después se le reventó una vena del esófago y comenzó a expulsar sangre por la boca, así que estuvo hospitalizado una semana. Cuatro años más tarde empezó a experimentar confusión mental porque su hígado ya no filtraba el amoníaco y este se acumuló en el cerebro. Pero gracias al tratamiento médico, el problema pudo corregirse en unos cuantos días.

Dukk Yun ahora tiene 54 años. Si su salud empeorara, contaría con pocas opciones. Los tratamientos antivirales no logran erradicar el VHB por completo y pueden causar efectos secundarios graves. Su última alternativa sería un trasplante de hígado, sin embargo, la lista de espera es más larga que la de donantes. “Sé que puedo morir en cualquier momento —comenta—. Pero preocuparme no me hace bien. Todavía estoy vivo, tengo un techo y una familia maravillosa.

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